Mirando fijamente

Traje desde Brasil dos cuadros de mariposas disecadas, como objetos de recuerdo de ese viaje, para dos de mis mejores amigas; ambas han dado a luz dos hijitas, que tendrán ahora, poco más de dos años; me confiesan que, mientras la hija de una de ellas sonríe al mirar fijamente el cuadro de la mariposa e intenta imitar el aleteo con sus manitas, la otra niña,  si de modo casual, mira fijamente el cuadro de la mariposa, se pone a llorar.   

En el post de versos de Mateo Rello (Badalona. España, 1968).

EL HOMBRE DE LA LÁMINA ANATÓMICA  

Pensé que estabas muerto,

que tu lámina anatómica

era un infierno sin eternidad.

Tu sin piel, tu sin carne,

todos los músculos expuestos

impúdicamente,

pero vivos los ojos,

presos de loca determinación:

un rencor alcantarillado

–si algún día-,

mirando fijamente a quien mirara,

todo el la actitud amenaza muda,

-si pudiera-,

y tan parecido a los conejos del mercado.

Los niños te mirábamos con asco,

Yo soñaba contigo y temía

tu venganza.

Vuelves algunas noches o si veo

en otros desollados, infelices

congéneres tuyos

el mismo odio

vivo en esos ojos,

presos de idéntica,

feroz determinación.

                               Mateo Rello.

 

 

«El árbol de la rabia»

Entre las diez citas mensuales habituales que propone la revista DESCUBRIR el ARTE, nos llama la atención en este mes de mayo, la que nos lleva a El árbol de la rabia, una muestra presente hasta el 12 de junio, en El EACC Espai dÀrt  Contemporani de Castellón, con el título: LO DIFÍCIL QUE ES SEGUIR SIENDO MUJER, y que parte de un verso de Audre Lorde, escritora afroamericana, feminista y lesbiana; de la que incluimos otro verso.

 

En el post de hoy, versos de Audre Geraldine Lorde (Harlem. Nueva York, 1934-Sant Croix. Islas V.- EE.UU., 1992).

 

 ORIGEN

        Aquello que está dentro de mí
        que grita
        que lucha por entrar o salir
        que nombra el viento
        que quiere el poder del viento
        que quiere el poder de la voz
        no es mi corazón
        y estoy tratando de hablar sin arte ni adornos
        con partes de mí saliendo en todas las direcciones
        gritos recuerdos dolores pasados
        arrancados como una corteza seca de un árbol caído        

         Aguantando o no   

         reteniendo o haciendo nacer a un niño o un demonio.

        ¿Es esto un nacimiento o un exorcismo?
        O los primeros engranajes del ser
        delineando, recordando el mandato de mi padre
        lo que debo ser y ocupándome de mi propio mandato.

        Tendré que separarme o cortarme
        por la forma o la falta de forma de la palabra
        y en qué dirección se hará el corte

        para mostrar mi verdadero rostro
        que yace expuesto y unido.

        Mis hijos          tus hijos         sus hijos
        todos inclinados ante nuestro mandato común.

                                                                               Audre Lorde.

 

Sin apenas cobertura

Temprano, recibió una llamada telefónica en su smartphone, en la que sonaba una penetrante extraña voz, narrando un intrigante episodio, sintiéndose inmediatamente cautivado, a tal punto  que, a pesar de encontrarse entre una orografía muy montañosa, sin apenas cobertura, en mitad del trayecto de un viaje  de más de cuatrocientos kilómetros en tren, y tener que superar la dificultad de escuchar el relato, a veces, entrecortado, perseverantemente, llegó al final de aquella sorprendente y sugestiva historia, al mismo tiempo que a su destino

 

En el post de hoy, versos de Zingonia Zingone (Londres, 1971. Reside en Roma).

 

  1.  

Un cuerpo sin alas desciende.

Se aloja en costado sigiloso del tiempo.

Gota de cielo.

Mensajera de los dioses.

Luna Virgen Nube.  Candor de los candores.

En el príncipe destila

un deseo desorientado.

                               Zingonia Zingone.

 

 

Fuerzas invisibles

Recordamos hoy otro de los poéticos epitafios, (ya conocidos en este blog-17 de diciembre de 2017-), del gran best seller  de la literatura estadounidense, publicado, en Nueva York en 1915, por Edgar Lee Masters (Garnett. Kansas, 1868–Melrose Park. Pensilvania. EE.UU.-1950): ANTOLOGÍA DE SPOON RIVER.

SEREPTA MASON

Habrían florecido por ambos lados los capullos de mi vida

de no ser por un viento cruel que sacudió mis pétalos

por el lado que podíais ver los del pueblo.

Desde el polvo alza una voz de protesta:

¡Jamás habéis visto mi lado florecido!

Vosotros, los vivos, sois en verdad necios,

no sabéis lo que pueden hacer los vientos

y las fuerzas invisibles

que rigen el curso de la vida.

                                               [Edgar Lee Masters].

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(De  Spoon River Antoligy- . Bartleby Editores. Trad.- Jaime Priede. 2012).

My life¨s blossom might habe bloomed on all sides/

Save for a bitter wind which stunted my petals/

On the side of me which you in the village could see./

From the dust I lift a voice  of protest:/

My flowering side you never saw!/

Ye living ones, ye are fools indeed/

Who do not know the ways of the wind/

And the unseen forces/

That govern the processes of life.

Mirar muy cerca

Terminamos de cerrar unos álbumes pendientes de rellenar de fotos recientes. Oímos, de fondo, en un LP, la voz de Sarah Vaughan, versionando Summertime. Mientras, fuera, la lluvia enturbia los cristales. Más acá, las macetas repletas de plantas en flor. Nos fijamos, en el erosionado tornillo de la pequeña tuerca del agarrador del ventanal. A nuestra espalda, un ser, muy cercano, se enfrenta a su día a día, esperando irse desintegrando.

 

En el post de hoy, versos de Stephen Harold Spender (Kensington, 1909 – Westminster. Reino Unido, 1995).

 

 

CUANDO ME SIENTO A MIRAR

 

Cuando me siento a mirar por la ventana,

perdiendo el tiempo que el tráfico no pierde,

ni ninguno de los peatones que en la calla

ganan tiempo al tiempo mientras avanzan,

midiendo los segundos con sus pies,

cabalgando en sus mentes la crestada multitud

sobre caballos blancos de días que pasan,

entonces pienso en ti, James, frente a otra ventana

con tus gruesas manos relajadas y tu mirada azul

invadida por una sensación de vacío

sorprendido como si una ráfaga de aire

hubiera soplado entre las hendiduras

de tu mente y tu cabello

dejando en tu ceño fruncido una confusa desesperanza.

Pero últimamente he aprendido que los espacios

y la soledad intemporal  

de lugares estériles y desperdiciados,

el desierto, la habitación desordenada y la hora

entre la vigilia y el sueño,

son ventanas abiertas a la energía

donde más nos convertimos en lo que somos,

cuando la mirada y el oído conscientes

se separan de lo que ven y escuchan

y en lo profundo de la negrura vacía y silenciosa

florecen melodías e imágenes con vida.

                                                               Stephen Spender.

 

 

 

(Versión de Alejandro Bajarlia, Mayo, 2020).

 

Solo el amor perdura

Encontramos en el sitio LETRAS LIBRES, con fecha 1 de abril de 2022, la sección: Seis poetas de Ucrania, en versión de Aurelio Asiain, de la que escogemos versos de Natalka Bilotserkivets (Kulanivka.Sumy. Ucrania  1954).

 

NO MORIREMOS EN PARÍS

                                           Me moriré en París un jueves por la noche.
                                                                                        César Vallejo

Olvidamos olores ruidos colores líneas
Perdemos el oído la vista y la alegría
Alzas la cara y buscas con las manos tu alma
Pero vuela muy alto no puedes alcanzarla

Queda una estación una última parada
Gira la espuma gris de los adioses, sube
Y está lavando ya mis impotentes palmas
Me corre por la boca un sucio calor dulce
Solo el amor perdura, mejor no hubiera sido

Lloré en sábanas míseras hasta más no poder
Por la ventana vagas lilas de un rojo enfermo
Corría el tren qué lánguidos miraban los amantes
La estantería sucia que aguantaba tu cuerpo
La primavera afuera se asentaba prosaica

No moriremos en París, lo sé de cierto
Sino en míseras sábanas sudadas y lloradas
Nadie nos servirá nuestro coñac lo sé
No habrá besos tampoco que nos salven
Ni sombríos anillos bajo el Pont Mirabeau

No es de Dios la amargura de más con que lloramos
Amamos en exceso qué vergüenza de amantes
Demasiados poemas sin rubor escribimos
No podremos morir en París los convoyes
Nos vedarán las aguas bajo el Pont Mirabeau.

                                                               Natalka  Bilotserkivets.

 

Natalka Bilotserkivets (1954), poeta, traductora, ensayista, editora, es una de las poetas más conocidas de Ucrania actualmente. “No moriremos en París” se convirtió en el himno de la generación de jóvenes ucranianos posterior a Chernóbil que ayudó a derrocar a la Unión Soviética. Dos versiones son el puente de esta: la de Michael M. Naydan y la de Dzvinia Orlowsky.

 

 (Versiones de Aurelio Asiain)

Trazos en el aire

En profundo sueño, provocado por mezcla de estupefacientes, tal que un Gulliver viajero, cara a cara descubrí, en parecida posición a una reverencia, sin que ello supusiera postrarse a mis pies, liliputiense insectívoro, enfocando directamente, la pupila de sus ojos compuestos hacia la pupila de mis sencillos ojos, instante que aproveché para pedirle que se izara, que deshiciese su intrigante genuflexión y, condescendiendo a mi solicitud, comenzó a expandirse cobrando mil veces su tamaño, algo parecido a un enorme avión de reacción, mientras salía volando, esgrimiendo precisos trazos al aire, haciéndome sentir  ahora, como un Gulliver en Brobdingnag.   

 

En el post de hoy, versos de Ana Paula Inàcio (Oporto, 1966).

 

 

deja que el tiempo haga el resto

cerrar ventanas

aplacar los barcos

recoger los víveres

sembrar la suerte

encender el fuego

esperar la cena  

 

abre las puertas, lee la luz

la sombra, el arte del pajarero  

 

con tres palos

haces una canoa

con  cuatro tienes un verso

deja que el tiempo haga el resto.

                                               Ana Paula Inàcio.

Finos tesoros

Entre otras habilidades, la hermosa modista, había ido diseñando un dispositivo, a la altura de la cintura, con una rajita, que aperturaba una especie de bolsillo, aprovechable para ubicar la llave y, entre otras cosas,      óptimo para la digitalización en explícito ejercicio de meter y sacar finos tesoros.

En el post de hoy, de nuevo versos de Inma Luna (Madrid, 1966).

Me sumerjo en el agua

helada

cada poro duplica el espacio que le ha sido asignado

la sangre ha encontrado su ruta

soy un pez globo amarillo y azul

pincharía ahora mismo si alguien me tocase

con ese olor a alga

espeso

como la salsa que se ha cocinado durante muchas horas

el espumoso envite

un influjo que asciende

una hembra feroz empapándolo todo

dejándome la convulsión

que atruena en los estómagos después de las catástrofes.

                                                                              Inma Luna.

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(De   Edificio Nautilus.  BAILE DEL SOL: TENERIFE. 2020)..

Casualmente

Casualmente, en el año de mi nacimiento, apareció la corta y curiosa elucubración: LA MURALLA Y LOS LIBROS, del escritor Jorge Francisco Isidoro Luís Borges (Buenos Aires. Argentina, 1899-Ginebra. Suiza, 1986), de la que reproduzco fragmento literal:

“. . . Acaso Shih Huang Ti amuralló el imperio porque sabía que éste era deleznable y destruyó los libros por entender que eran libros sagrados, o sea libros que enseñan lo que enseña el universo entero o la conciencia de cada hombre. Acaso el incendio de las bibliotecas y la edificación de la muralla son operaciones que de un modo secreto se anulan.”.

En el post de hoy, versos del Premio de Poesía Fco. Brines 2021: Francisco José Martínez Morán (Madrid, 1981. Actualmente reside en Alcalá de Henares).

Y sí, que sea fuego

que arda cada inflexión de la palabra

que las llamas recojan,

en gesto de ceniza, 

mis huesos y las médulas del hueso,

mi lengua y la estrechez de los sentidos.

Que se lleve el incendio la memoria,

que arrase con la ruina

y deje tras de sí solo silencio.

                               Fco. J. Martínez Morán.

(De  NO. Editorial Pre-Textos: Valencia, 2021).

 

 

 

 

 

Labios carnosos

Un no tan reducido grupo de oligarcas con enorme poder político abrió una cuenta en rublos en varias entidades bancarias de varias capitales europeas para los que contrataran sus servicios. Heinrich, conocedor de esos hechos, y habiendo realizado la preceptiva transacción financiera, abrió la puerta de la mancebía,  encontrando una cama, con cobertores, tálamos e iluminación de color sanguinolento, todo bajo un enorme espejo en el techo, donde astuta y engañosamente ofrecía sus carnosos labios la adiestrada y belicosa Liudmila.  

En el post de hoy, versos de María Antonia Ortega (Madrid, 1954).

SEX SHOP EN HONG KONG
Ésta es la tienda de sexo más importante, pero no veo
ligueros, ni de colores llamativos lencería, ni instrumentos
de dominación ni de sometimiento, sino libros de poetas
inmortales, filosofía, y un pequeño servicio

de Bar-Restaurante con platos exquisitos.
Dicen que es aquí donde se pueden conocer de
verdad los placeres de la carne. No consisten en la
satisfacción urgente del deseo sino en su aplazamiento.

                                                               María Antonia Ortega.