Digna de un amante

Rafael Saravia (Málaga. España, 1978), en su poemario  Vena amoris, de subtítulo Cafuné & Revolución, indaga con la aplicación digna de un amante de  y del  otro, planteando cierta introspección, sobre el sobado tema de la inspiración y las diversas coyunturas, en el arte de las manifestaciones amorosas.

 

Hoy, además de un Resumen de versos del autor elegido, volvemos a adornar el post con la ilustración de Lilith de John Collier.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es lilith.-d-john-collier.jpg

 

Resumen

 

Ella era lo inmediato.
Era el agua que no debía saberse,
era la amistad que obstaculiza,
el alimento primario de la tibieza y su vida.

 

Ella era tiempo sin abrasar,
ánimo latente.

Ella tenía la edad y aún así temblaba.

Ella era cosa y agrado,
ella ya no era, ella somos ya

                                               Rafael Saravia.

Justo en el centro

Dice, la poeta Trinidad Gan (Granada. España, 1960), ya conocida en el blog, que en su libro La nave roja  (con ilustraciones de Juan Vida, en Ediciones JuanCaballos de Poesía. Jaén, 2020), cerrando la trilogía iniciada con Caja de fotos  y Fin de fuga, ha tratado de hablarnos del deseo, de la amistad, de la memoria, de la palabra, de la música y del amor. Y, elegimos algunos de sus versos:

 

¿Desde qué piel,

en que torpes estancias

medirías la ausencia?

Convertir sus caricias en palabras

y derramar confesa e impenitente,

este placer y su temblor

justo en el centro del poema.

 

                               Trinidad Gan.

 

Así de cerca

Hemos encontrado en unos versos de Sandro Luna (L´Hospitalet de LLobregat, 1978) pertenecientes a su poemario: El monstruo de las galletas  (Hiperión. Madrid, 2020), esa especial devoción que se desvela en la belleza por la observación, por ejemplo, de la serenidad o los creativos dibujos de su hija pequeña.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es el-monstruo-de-las-galletas.-d.sandro-luna.jpg

 Mi hija duerme así,

en esa afirmación:

se apaga muy despacio

hasta que asiente.

Mi corazón

que es suyo,

no atiende ya a razones

y se adentra

en la raíz del árbol

y en sus hojas.

La escucho y participo

de su callada suerte

y en su respiración desparezco.

Es hermoso temblar,

así de cerca”.

                               Sandro Luna.

No es una renuncia

NO ES UNA RENUNCIA

La suya no es una renuncia antojadiza,

ni médica, ni mediática,

ni diagnosticada, ni aclamada,

iniciada por mor de dolor,

de principio casi olvidado,

de progresiva privación,

de vencida voluntad,

de ya no querer decir,

ni escuchar,

sin apenas  moverse,

sin embargo,

la suya es,

una digna

ineludible dejación.

                Desconocido.

Goteando por el cristal

 

GOTEANDO POR EL CRISTAL  

 

Recreo día de lluvia

y observo desde mi ventana

otras ventanas,

 

en la del quinto, coreanas quincalleras,

activan su pieza para cocer arroz,

en el cuarto, universitaria inexperta,

quema la comida en su cocina,

en la tercera planta, una mujer magrebí,

coloca unas naranjas en su despensa,

en el segundo piso, gemelos tipógrafos,

alzan sus persianas con parsimonia,

en el primero, se puede leer en un cartel:

En alquiler. Interesados llamar al 600 000 066.

 

Miles  de partículas gotean

por el cristal en mi ventanal.

 

                                               Desconcido.

 

 

El viento nos lleva

Charles Simic.

Ayer, día treinta y uno de marzo del año dos mil veintiuno, una amiga, conocedora de nuestra divulgativa sensibilidad poética, nos hizo llegar un ejemplar de uno de los autores que, quizá, más hemos repetido en el blog; se trata de Acércate y escucha  (Ediciones Vaso Roto-Poesía-Edición bilingüe) de Charles (Dusan) Simic (Belgrado. Serbia, 1938. Nacionalizado y residente estadounidense).

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es acercate-y-escucha.-ch.-simic..jpg

ACÉRCATE Y ESCUCHA

Nací –no sé a qué hora-

recibí mi palmadita en el culo

y fui entregado llorando

a alguien muerto hace muchos años

en un país desaparecido del mapa,

allí, como la hija de un árbol,

y con los buenos tiempos ya lejanos,

hice piruetas y caí al suelo

sin hacer apenas ruido

para que el viento me llevase

bendecido o maldito ¿quién sabe?

a mi eso ya no me preocupa,

desde que oí a la gente hablar

de una dama ciega llamada Justicia

dispuesta a escuchar los problemas de todos,

pero no sé dónde encontrarla

para preguntarle por qué

el mundo me trata algunos días bien,

y algunos días mal. Aún así, jamás

sería yo el primero el culparla.

Ciega como es, pobrecita,

trata de hacer todo lo que puede.

                                               Charles Simic.

 

(De   Acércate y escucha. Ed. VASO ROTO, 2020. Trad- Nieves García Prados).

Por la tempestad

Jeannette Clariond

Aún en pausados movimientos de desperezo, al dirigir la mirada al espejo le conmovió su decrépita desnudez.

Y, versos de Jeannette Lozano Clariond (Chihuahua. México, 1949).

 

IN REQUIEM
Estoy cansada de amar, y de vivir,
y de morir.
Estoy cansada de pensar que amo, y que vivo,
y que muero.
Quiero salir del mundo
y entrar en mi casa.
Estoy cansada de vivir la orilla del amor.
Busco la cercanía del pez,
sus grandes ojos subterráneos.
Mis manos recorrerán su cuerpo,
hablaremos en burbujas,
óvalos serán nuestros besos.
Comeremos, dormiremos, nos abrazaremos al fondo
de las rocas.
Pero no basta ser pez. Oro en el ojo.
Es origen dar pasos en la niebla,
caminar la tempestad
y ropas y cabellos y cuerpos
se deslían, silentes, en la imagen.

                               Jeannette Clariond.

 

 

Llega la vida

Javier Gil Martín

Existe algo iniciático en lo recién concebido, algo con un aura de curiosidad e intrigante reconocimiento, por ejemplo, en todo cuanto rodea ese brillo de la ingenua benignidad  instalado en las criaturas acabadas de nacer. 

Y, además, versos de Javier Gil Martín (Madrid. España, 1981).

 

Labios que no has usado para besar,

pequeños pies con los que no has caminado todavía,

ojos con los que ves a solo un palmo de tu rostro,

manos que aún no sabes que son tuyas;

apenas solo

llanto, y hambre, y sueño

y alguna sonrisa furtiva;

pero ahora llega la vida,

hermoso Guille

y los besos vendrán, y tus pasos

y esos ojos verán al final del horizonte,

y sabrás de tus manos, y sabrás manejarlas,

pero no olvides, mi niño,

que llanto, hambre y sueño

fueron tu primer territorio.

                                               Javier Gil Martín.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es javier-gil-martin..jpg

(De   Museo de la intemperie.  Ejemplar Único. Colección Poética y Peatonal, nº80. 2020).

 

Solo uno más

Andrés Gotor

Temprano, aún con la taza de café en la mano, asomado a la ventana, en pleno proceso de desperezo, veía pasar personas hacia sus trabajos o, niños y jóvenes dirigiéndose a sus clases; sin embargo, ante el atractivo movimiento de uno de aquellos anónimos entes, esa mirada dispersa se tornó absolutamente fascinada.

 

Y, además, versos de Andrés Gotor (Zaragoza. España, 1960. Vive en Sevilla).

 

NO PASA NADA

No sé si tú conoces

que vivo triste y lloro, y que por eso

me brillan las pupilas.

No debes en cualquier caso preocuparte.

En realidad, no pasa nada.

No sé si has comprendido

que estoy herido y solo, y que por eso

me abruman los silencios.

No debes en cualquier caso preocuparte.

En realidad, no pasa nada.

No sé si he de advertirte,

que soy solo uno más, uno de tantos,

oculto en un dolor indiferente.

No debes en cualquier caso preocuparte,

pues… ¿sabes?

Hay seres invisibles que habitan en las calles.

Hay gentes expulsadas que sin rumbo caminan y caminan.

Hay mujeres que se alimentan gracias a sus sexos.

Hay ancianos que alivian sus escaras con salivas.

Hay madres que inventan cómo cocinar las piedras.

Hay niños que solo juegan a morirse.

Mas nada de esto debe preocuparte.

Tampoco pasa nada.

                                                               Andrés Gotor.

 

 

(De Ver S.O.S, 2018).